En nuestro cajón de verduras, no nos puede faltar nunca una cebolla. Para condimentar una salsa, para acompañar un salteado de vegetales, para agregar a una ensalada o al huevo revuelto. La cebolla es un ingrediente siempre presente en nuestras cocinas.

 

La peor parte es al momento de cortarla, sí. Pero su utilidad infinita, sus propiedades y sabor nos animan a realizar el esfuerzo al momento de preparar nuestros alimentos.

 

Las cebollas son una excelente fuente de vitamina C, fibra, ácido fólico, antioxidantes, flavonoides y fotoquímicos importantes. Son bajas en calorías, sodio y no contienen grasa ni colesterol. Consumirlas, tanto crudas como cocidas, ayuda a mantenerte saludable.

 

También, eliminan los radicales libres, propiciando un sistema inmunológico fuerte. Fomentan la desintoxicación al ayudar al hígado a procesar las toxinas y su alto contenido de fibra soluble provoca una buena digestión y reduce el riesgo de desarrollar úlceras gástricas.

 

A la hora de la compra hay que elegir las cebollas que tengan el bulbo firme, sin brotes y que conserven intacta la piel. Para conservarlas se deben guardar en un lugar seco y ventilado, y sin amontonar.